La ciudad parecía dormida, pero dentro del hotel, Veronika Dubrovskaya no había dormido ni un minuto. La copa de cristal se encontraba vacía sobre la mesa, restos de un licor caro que apenas podía calmar la tormenta que bullía en su interior. Sus ojos usualmente fríos y calculadores, brillaban con una mezcla de furia y ansiedad, reflejando la lucha interna que la mantenía despierta. Después de sus pensamientos acerca de lo que realmente deseaba que ocurra con Mikhail, fue inevitable no beber a