El silencio era diferente en la Mansión Orlova esa noche.
No era el mismo silencio refinado de siempre. Era más denso, más cargado, como si algo invisible hubiera entrado junto a Alexandra apenas cruzó la puerta principal. La mujer subió directamente a su habitación. Sus tacones resonaron en el mármol con una firmeza que no sentía en el pecho. Sus pasos eran decididos, pero su alma… se tambaleaba.
Al entrar, cerró la puerta sin mirar atrás. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada po