—¿Irás? —preguntó Natalia con cautela.
Alexandra miró su reflejo. Su expresión era serena, pero su mirada… era una mezcla de desafío e incertidumbre.
—Claro que iré —respondió con firmeza.
—¿Y si es una trampa?
—Entonces bailaré entre las llamas —susurró.
— No debes de descuidarte de Veronika Dubrovskaya.
El silencio en la suite de Alexandra era absoluto después de aquel pequeño consejo de Natalia.
Alexandra estaba de pie frente al espejo, observando el reflejo de una mujer que parecía he