Punto de Vista de Elena
Un silencio pesado se extendió entre nosotros mientras Héctor aceleraba, alejándose de los territorios de la manada. Me aferré al asiento de cuero ante su velocidad, pues necesitaba distancia antes de que yo pudiera arrepentirme.
Cerré los ojos, evitando ver el reflejo del rostro de Tomás en el espejo retrovisor después de lo que acababa de hacer, aunque sabía que regresaría. Al fin y al cabo, este lugar seguía siendo mi hogar.
El vínculo con la manada se iba debilitando