Punto de Vista de Elena
—¡No, para nada! —mis palabras resonaron con firmeza entre las paredes de la oficina de Tomás. ¿Qué me había estado ocultando todo este tiempo?
—¿O sea que sabías dónde andaba? —clavé la mirada en el hombre que amaba con todo mi ser.
—Pues claro, hasta mandé guerreros para vigilar mis fronteras.
Cada mentira me golpeaba como un puño en el pecho, cortándome la respiración.
Guerreros vigilando las fronteras de Héctor...
Ella se había llevado algo. Fátima me contó que Carla