Cuanto más continuaba, más sangriento se volvía. Le sangre espesa salpicaba el suelo del patio, el olor revolvía mis entrañas... el solo pensamiento de que Jorge sangraba me estaba enviando a un estado frenético de pánico, uno en el que me negaba a hundirme.
Tenía que mantenerme fuerte y enmascarar cualquier emoción. No podía permitirme hacer que Jorge se distrajera, que perdiera la concentración, ni siquiera por una fracción de segundo, porque Tomás usaría eso en su contra.
Ambos luchaban como