—¿Por qué es vulnerable? —mi retumbo bajo hizo que ambos volvieran la cabeza hacia mí.
—¡Mi coche! —gritó Javier.
—¿Qué?
—Ella tomó mi coche la noche que se fue porque estaba desesperada por irse. Me he arrepentido de dejar que lo usara desde entonces, pero quizás...
—¡Javier! —Josi rugió con frustración.
Todos estábamos al borde de estallar contra el otro. Una de nosotros estaba desaparecida y si le hubiera pasado algo... No, no podía pensar así. Ella estaba bien, tenía que estarlo.
—Mi coche