—No, no tengo compañero. —por una vez, decía la verdad.
—Ya veo.
—No, en realidad no lo ves... el padre es humano.
Compartimos un momento en el que él me evaluó a mí, y yo a él.
Parecía estar contemplando algo, sus ojos se apartaron primero para exhalar ruidosamente, dirigiendo la mirada de nuevo hacia los otros clientes.
Era un hombre difícil de leer, de descifrar. Cada movimiento y cada palabra suya era premeditada, planeada. ¿Por qué le preocupaba hablar fuera de lugar?
—Estoy buscando una Lu