Punto de vista de Josefina
Sus manos seguían agarrando mi cintura mientras me hacía retroceder, hasta que tropecé con la mesa. Un ladrido lo sacó temporalmente de su neblina de lujuria antes de que se moviera hacia la puerta, abriéndola y chasqueando los dedos para que Lobo nos dejara solos.
Tan pronto como cerró la puerta, se giró hacia mí, sus profundos ojos marrones encontrándose con mis afilados grises plateados.
Retrocedió... inclinándose hacia mí. Un escalofrío me recorrió cuando una de su