Acaricié suavemente la cabeza de Elena, mientras sostenía su mano más cercana a mí. En tan poco tiempo, ella había significado tanto para mí, comenzaba a sanar esa parte de mi alma que había quedado hueca desde que perdimos a nuestra madre... nuestra madre. Una madre que nunca llegamos a conocer.
—No sé si puedes oírme... estoy segura de que de alguna manera puedes... pero solo quiero que sepas que ya no te culpo. Ahora que te conozco, que sé quién eres realmente... cuán diferente eres de la vil