Punto de vista de Carla
No quería abrir los ojos, pero podía sentir unas manos suaves y cálidas acariciando mi rostro, una voz femenina llamándome.
—¿Carla?
—¿Qué hora es? —me volví, gimiendo contra la almohada, aún medio dormida. Deseando volver a dormirme, mientras esa sensación de pesadez volvía a apoderarme de mí.
—Es hora del desayuno. ¿A qué hora llegaste?
—No sé… las tres de la madrugada…
—¿Las tres? ¿Estuviste en el centro médico todo ese tiempo? —Elena chasqueó la lengua con preocupació