Cuando el joven Alfa Caleb volvió a su castillo, traía consigo reprimidas todas las emociones que no podía expresar. Su lobo estaba al borde del colapso en su interior, quería a toda costa salir y correr tras Namar. Sin embargo, por el bien de su manada tuvo que limitarse a ver como su peor enemigo se llevaba a la loba que, aunque jamás logró admitirlo, traspasó la barrera de su gélido corazón e incluso había llegado a amar.
Sin embargo, un Alfa no puede arriesgar la vida de toda una manada de