NO ES MI HIJO SOY ESTERIL DIJO EL CEO
NO ES MI HIJO SOY ESTERIL DIJO EL CEO
Por: AZAHARA
1/ Tropiezo Fortuito

La universidad para las cuatro amigas terminó, conseguimos lo que nos propusimos, nuestro diploma de Diseñadoras de Moda. Las cuatro mosqueteras como todos los compañeros nos llamaban nos fuimos cantando y riendo a comer a un restaurante Italiano para celebrarlo. Nada más entrar mi amiga Aurelia nos comentó.

—-- ¿En qué mesa queréis que nos sentemos? hay una al fondo donde estaremos mejor y allí podremos hablar sin que nadie nos moleste ¿qué os parece?  — nos preguntó.Aurelia

Cuando entramos al local nos fuimos directamente a la mesa que nos dijo Aurelia, sentandonos las cuatro, esperando a que viniera el camarero para coger nuestra comanda.

— Chicas, vista a la derecha pero disimular, ¿habeis visto que cinco tíos más buenos están sentados comiendo? — nos comentó mi amiga.

Pero en ese momento apareció el camarero, tapando las vistas de aquellos guapos supuestos CEOS,

—-- Buenas tardes señoritas ¿qué clase de pizza les gustaría? — nos preguntó el muchacho.

—- Por favor dos Margaritas y dos Carbonaras, gracias — le respondió Sandra, que era la más habladora de las cuatro.

El camarero se marchó y nosotras seguimos mirando a los hombres que estaban sentados en la mesa que había enfrente nuestra.

—- ¿Gabi, a que no eres capaz de pedirle a uno de ellos una cita? — me pregunto Sandra.

—- ¿Estas loca tia? ¿quieres avergonzarme? Ves tu y se lo preguntas — conteste.

—- Anda no seas cobarde, mira dile que estás buscando trabajo, a ver que te dice, si no lo haces te toca pagar a ti las cuatro pizzas —- me respondió.

—- ¿Y si lo hago?¿Pagaréis vosotras mi pizza? —- pregunte

—- Dalo por hecho, nosotras te invitamos —- respondió

Así éramos las cuatro amigas, valientes y nada de discreción, Así que me levanté para acercarme a la mesa de esos hombres, al mismo tiempo que uno de ellos se levantó tropezando los dos, cayendo encima de mi ropa manchandola una taza de café hirviendo que llevaba en su mano.

—- Disculpe señorita, por favore, no la he visto, me llamo Carlo y no se como ha sucedido, pero no se preocupe le pagaré el costo de la lavandería —- me dijo muy nervioso.

Nos quedamos los dos mirándonos fijamente  los ojos, dándome cuenta de que todo lo que había a nuestro alrededor había desaparecido, 

—-- !! Que guapo Diosito ¡¡ — me quede pensando.

—- Signorina, hola, ¿qué puedo hacer para que me perdone? —- me preguntó Carlo.

—- Deme trabajo en su empresa, acabo de terminar la universidad, soy diseñadora de moda y necesito hacer mi pasantía, eso ¿me puede dar un puesto de trabajo en su empresa? —- dije sin respirar de lo nerviosa que estaba.

—- Anda Carlo, es guapa, no le digas que no a la señorina — comentó uno de sus amigos.

—- ¿Cómo te llamas? yo te he dicho mi nombre pero no se como te llamas tú — me dijo Carlo.

—- Soy, bueno me llamo Gabi —- le dije avergonzada.

—- Está bien Gabi, ¿esas chicas que te acompañan son tus amigas? —- pregunto

—- Si señor, bueno tengo que regresar con ellas, no se preocupe por mi ropa, yo misma la lavaré en casa cuando llegué — respondí.

— Gabi toma mi tarjeta, mañana te espero en mi empresa a las diez, pregunta en recepción por mi ¿te va bien esa hora? — me pregunto

—- Si Gracias, muchas gracias Carlo, hasta mañana —- le dije volviendo a la mesa donde estaban mis amigas.

Me senté en la mesa donde estaban mis amigas con la tarjeta que me dio Carlo en mi mano, sin terminar de creerme lo que acababa de pasar, dándome cuenta de cómo él también me miraba fijamente, sintiendo calor en mis mejillas.

—- Gabi tía te has superado, que te hayas chocado con él, ¿lo has hecho a propósito, verdad? — preguntó Sara.

—- No, pero chicas es guapisimo, esta noche soñaré con el seguro — les comento, poniendo aquella tarjeta en mi pecho, suspirando

El camarero nos trajo la pizzas, las dejó encima de la mesa mientras nos sonreía.

— Los cinco caballeros son CEOS de una importantes empresas, ha tenido suerte señorita, porque tienen todos muy mal genio, por cierto la comanda está pagada — nos dijo el muchacho.

Aquellos hombres se marcharon sin despedirse de nosotras y nosotras entre risas nos comimos nuestras pizzas marchandonos poco después muy contentas. Sandra y Maria vivían en distintas casas, menos Aurelia y yo que compartimos piso, pero las cuatro vivíamos muy cerca. Por la noche, me acosté en la cama más pronto de lo que era habitual para mí, aunque mi amiga se quedó algo extrañada cuando le comenté que me iba a dormir. Con la tarjeta de aquel hombre guapo en mi mano me quedé casi enseguida dormida, Aunque pase mala noche pues los nervios del día siguiente me jugaron una mala pasada. Al día siguiente cuando me desperte, me levante de la cama medio dormida, así que lo primero que hice fue entrar en el cuarto de baño y darme una buena ducha para despejarme, pues no quería presentarme con ojeras, pues las tenía bastantes grandes cuando me mire en el espejo., Después de ducharme me fui al dormitorio a vestirme, acercandome luego a la cocina para tomarme una buena taza de café bien cargado.

—- Eso te va a poner más nerviosa, deberías tomar más descafeinado —- me dijo mi amiga.

—- He pasado una mala noche, espero que todo salga bien, estoy muy nerviosa — respondí.

— Confía en ti, las cuatro siempre lo hemos dicho y nos salió todo casi bien, veras como vas a ser la próxima esposa de ¿cómo se apellida Carlo? —- me pregunto intentando quitarme la tarjeta de la mano.

—- Anda, solo necesito terminar mi master y montarnos las cuatro nuestra propia empresa —-- respondi. 

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP