XXXII
Kei estuvo el mes pertinente en Noruega y nanas contratadas por el abogado de Ekaterina, le enseñaron lo básico del cuidado del bebé. Cuando se quedaba con él solo en las noches, en la pequeña casa que le habían alquilado, todo era una un manicomio. Corría de un lado a otro con biberones, pañales, ropa limpia, todo el cliché del que le habían hablado resultaba brutalmente cierto. Dormía al nene en su pecho, pero si Kei se movía medio centímetro, Sasha estallaba en llanto. No durmió nada