XXXI
Aún con la decisión atorada en la garganta, aun sabiendo que ya no se hablaba de su vida, sino de la de un inocente, sabiendo que debía apartarse de cualquier cosa que lo mantuviera vinculado a Jasha, Kei no podía solo dejar de lado su corazón, y actuar si piedad. Entendió, que era inútil huir del niño, así estaba destinado, y por mucho que el padre verdadero lo hubiese rechazado, sabía que debía tener el corazón roto por hacerlo. Conocía a su hombre, medio loco, medio extraño, pero de sen