XXXIII
Las vidas se habían hecho monótonas en los meses luego de la llegada de Sasha. Kei era un padre amoroso que cuidaba de su pequeño, sabiendo a la perfección que en algún momento debía separarse de él. Nada lo hubiera preparado para sentir ese afecto tan grande por ese chiquillo que iluminaba su vida, misma que ya no estaba tan a la deriva desde su rompimiento con Jasha. No obstante, se sentía una basura al no decirle la verdad a su ex amante. Sabía que hacerlo lo llenaría de esperanza, q