XXXVII
Sasha estaba sentado en la cama de su habitación, no había dicho una palabra siquiera desde lo ocurrido en la pista. Tocaron a la puerta, pero al no obtener respuesta, la puerta se abrió. Kei entró y lo vio pensativo, con una mirada segura y retadora, cosa que sorprendió mucho a su padre. Él no tenía miedo de esa situación, él sabía más que cualquiera lo que estaba sucediendo y además tendría que ponerle fin.
—Sasha, por favor, dime qué está pasando, desde el «incidente» de ayer has es