Natasha sintió una extraña punzada al cruzar la boca de la gran cueva. Todo parecía una escena salida de una película de terror, las paredes húmedas, las sombras profundas, y un olor a sangre tan intenso que le revolvió el estómago. Kattleya caminaba detrás de ella, cubriéndose la nariz, pero siguió a Natasha porque, a pesar del hedor, algo los llamaba hacia el interior.
Avanzaron observando cada detalle: rastros antiguos, símbolos extraños estaban dibujados en esa pared. Kattleya se detuvo, co