La fiesta se desarrollaba en un ambiente de elegancia. El salón estaba lleno de luces brillantes, música suave y mesas rebosantes de manjares que parecían haber costado millones. Todos aplaudían al empresario anfitrión, orgulloso del banquete que había ofrecido. Sin embargo, en medio de las risas y brindis, Natasha permanecía en silencio, distante, con la mirada perdida. No disfrutaba del lujo ni de la compañía. Lo único que deseaba era que aquella farsa terminara, poder recostarse en la cama y