Habían llegado finalmente a la mansión después de aquella larga y agotadora fiesta para Natasha. Aleksi seguía con el ceño fruncido, molesto por lo sucedido horas antes. Natasha, en cambio, dormía profundamente en el asiento trasero, ajena a la tormenta que aún bullía en el interior de aquel hombre.
Luego de llegar a la mansión. Bajo de la limusina, cargo a Natasha con suma facilidad y se diría adentro, con un gesto autoritario, Aleksi dio instrucciones a sus sirvientes para que dejaran todo e