Capítulo 47. Parte 2
Antonella:
Después de esa escena de telenovela con Ambra, lo único que necesito es azúcar… o un milagro. Sin bajarme del ring, me acerco a Diego y deposito un beso en sus labios. Aunque siempre es un placer besarlo, esta vez no es por gusto, sino por pura estrategia. La rivalidad con esa mujer me tiene los nervios de punta, y no hay mejor trofeo que verla fastidiada.
Su rostro se tensa, y yo me siento triunfante, sobre todo cuando Ambra se aleja contoneando esas caderas que parecen desafiarme.