Capítulo 17. Parte 4
Antonella:
Me quedo apoyada en el marco de la puerta, con una sonrisa loca, mientras escucho su melodiosa voz y la forma delicada con que trata a su compañera.
Un suspiro, de los cuales he perdido la cuenta, sale de lo más profundo de mi alma, y algo extraño, pero placentero, juega en mi estómago, recordando que es la segunda vez que me siento así cuando veo a Diego, estremeciéndome a tal punto que debo abrazarme a mí misma, rogando que esa sensación sea hambre, aunque acabo de comer...
—¿Desde