La luz de la mañana se filtraba perezosa por las ventanas de la cocina, dibujando líneas doradas sobre la encimera de mármol. Brooke estaba sentada en la mesa, con una taza de café entre las manos, vestida con una camiseta holgada y un pantalón de algodón. Sus ojos seguían el vaivén de la cuchara mientras removía el café sin beberlo. Lía entró en la estancia con su andar ligero, el cabello recogido en un moño informal.
—Buenos días, dormilona —saludó con una sonrisa, dejando un beso rápido en l