La mañana llegó sin piedad. Brooke no había dormido más de dos horas y su cuerpo lo sentía. Aun así, se obligó a salir de la cama. La mente le iba demasiado rápido como para descansar, y lo último que necesitaba era quedarse atrapada en sus pensamientos.
Recordaba cada segundo de la noche anterior. La fiesta en casa de Clara. Ethan. Aleksei irrumpiendo en medio del baile como una sombra. La discusión. El beso. Sus palabras. Ese “eres mía” que aún la hacía temblar aunque ya estuviese de vuelta e