Sangre y silencio (3era. Parte)
El mismo día
Málaga
Iván
El dolor, la rabia y el miedo se amontonaron en mi pecho cuando el doctor terminó de hablar. Cada palabra era una herida nueva que no alcanzaba a cerrar; me dejó con un nudo en la garganta, con el alma hecha trizas. Camila seguía viva… pero habíamos perdido a nuestro hijo.
Sentí cómo el mundo se me venía abajo. Todo lo que había creído controlar —la venganza, la rabia, la justicia— se volvió un eco vacío frente a esa noticia. Y entonces lo vi. Ramiro.
Con esa expresión