Los pecados que respiran (2da. Parte)
El mismo día
Málaga
Iván
Imbécil, estúpido, idiota… todos esos adjetivos se quedaban cortos para describir mi insistencia con Camila. Debería haber reinado la sensatez, olvidarme de ella y concentrarme en mi venganza, pero no entendía cómo, entre sus ojos brillantes y esa mirada que me tenía hechizado, terminé siguiéndola a su oficina, casi rozando sus labios antes de que Andrés irrumpiera y cambiara el aire.
El tonto nos contemplaba con esa sonrisa socarrona que me crispaba los nervios, y pude