Los pecados que respiran (3era. Parte)
La misma noche
Málaga
Camila
Admitir algo antes de que te señalaran era como echarse la soga al cuello, entonces había que callar, observar y no dejar que el pánico te consumiera. Una frase tonta de mi primo Raúl, o tal vez un consejo práctico, pero yo nunca había sido de las que huían. Al contrario, me gustaba poner la cara a cualquier problema.
Sin embargo, en ese momento en que mi tío Andrés irrumpió en mi oficina, interrumpiendo lo que sucedía con Iván, entendí que lo sensato y fácil hubier