Los pecados que respiran (1era. Parte)
Unos días después
Málaga
Ramiro
Confiar en otros nunca fue mi fuerte. La gente es voluble, débil, y tarde o temprano te apuñala por la espalda. Yo prefiero ocuparme de mis propios asuntos, moldear las cosas a mi manera, asegurarme de que mis planes se cumplan sin depender de nadie. Eso es poder.
Pero lo admito: la rabia me estaba nublando. Perder la presidencia a manos de mi sobrina ya era una humillación suficiente, y encima debía tolerar la sombra de un bastardo reclamando el apellido Del Val