Entre dos fuegos (3era. Parte)
Málaga
Dos días después
Ramiro
Ni en mis peores pesadillas iba a ceder a las exigencias del bastardo de Iván; menos aún permitiría que discutiera lo que, por derecho, correspondía a mi familia. No estaba dispuesto a que viera un puto centavo. Lo tenía todo calculado; mi respuesta fue la correcta. Pero había intuido que nos saldría con alguna jugarreta: justo cuando lo había dado por muerto, el cabrón reapareció con ese papel de los tribunales. La furia me explotó por dentro. Por un momento quis