El sol se alzaba lentamente, bañando con su luz dorada los pasillos del castillo y dando vida a los antiguos frescos que decoraban las paredes. El aire fresco de la mañana entraba por las ventanas abiertas, trayendo consigo la promesa de un día lleno de decisiones que cambiarían el destino de todos. Isabella y Alejandro se encontraban en sus habitaciones, listos para comenzar con las primeras reuniones que determinarían el futuro inmediato del reino. Aunque el caos se cernía sobre ellos, había