Esteban Ríos regresó al auto negro con vidrios polarizados que tenía estacionado a dos cuadras. Tomó su teléfono celular y envió las novedades a su jefe Rodrigo Villalba, quien esperaba ansioso resultados. Sabía que había activado a su mejor pieza. Y cada paso que daba acercaba a Elena al borde del abismo. El plan apenas comenzaba. Haría hasta lo imposible por evitar caer, pero en caso de que su caída fuera algo inevitable, se llevaría a quién fuera con él. Y la enfermera de su esposa se le hab