Elena sintió un leve calor en sus mejillas, pero se obligó a mantener la compostura y lo disimuló bastante bien.
—Iván, bienvenido. Me da mucho gusto volver a verlo.
—No podía dejar pasar la oportunidad de disfrutar de este lugar. Es precioso, fuera del ruido y el caos de la ciudad—respondió con encanto. –y por supuesto al verte, debo confirmar que fue una decisión acertada.
El ambiente parecía cambiar con su presencia. Su actitud amigable y desinhibida contrastaba con la tensión que había deja