En el auto de regreso, no hablamos. Pero el silencio no es incómodo, espeso. El tipo de silencio que pesa y que dice cosas sin decirlas. Cuando llegamos al ático, hacemos el camino de la misma manera y segundos después avanzamos por el salón de la fría casa de Alexander. Me quito el calzado y suelto un suspiro mientras avanzo por el lugar con él, siguiéndome de cerca. Pongo la mano en la manilla de la puerta cuando él se detiene
—Buena actuación esta noche. Pero necesito que sigas las reglas pa