POV ALEXANDER.
La mañana ha comenzado más tarde de lo habitual. El sol entra por los ventanales de mi ático, bañando el suelo de una luz dorada que apenas logré disfrutar. Apenas tengo tiempo de ducharme, vestirme y dejar atrás el aroma de Nicole que aún permanece en mi piel. Todo en ese espacio me recuerda a ella. Mientras me ajusto la corbata frente al espejo, no puedo evitar sonreír. Por fin no hay mentiras. No hay contratos, reglas, ni secretos que pueden separarnos. Solo nosotros dos, con