El auto se detiene frente al hospital y mi corazón da un vuelco. Todo parece tan silencioso en mi interior, a pesar del ruido de la ciudad que se cuela por las ventanas. Tomo una respiración profunda antes de salir, ajustándome la chaqueta. Franklin con amabilidad baja mi maleta y me despido de él con un bajo adiós. Me aseguro de que la maleta y el bolso estén bien sujetos. Mis manos tiemblan apenas, y no es por el frío de la mañana. Es por la mezcla de ansiedad y amor que me envuelve.
Camino p