El camino de regreso es un silencio que pesa más que el tráfico nocturno de Nueva York. Voy sentada en el asiento del adelante, junto a la ventanilla, con la frente apoyada apenas contra el vidrio frío, mientras veo cómo las luces de los semáforos se deslizan sobre el capó del Range Rover y se reflejan como manchas líquidas en la pintura oscura. La ciudad late allá afuera con su caos de taxis amarillos, peatones que cruzan sin mirar, sirenas lejanas y carteles luminosos, pero dentro del auto to