La habitación está demasiado silenciosa, tanto que el zumbido apagado de mi secador para el cabello aún resuena en mis oídos como si siguiera encendida. La había apagado con un gesto casi mecánico y la dejé sobre la mesa, sintiendo el metal todavía caliente, desprender un calor tenue antes de tomar la rizadora y ahora estoy terminando de ondular mi cabello un poco. Mi reflejo en el espejo me devuelve una imagen que no sé si detestar o aceptar. Las ondas en mi cabello caen suavemente sobre mis h