La música es un latido que me recorre entera, un pulso eléctrico que me arrastra fuera de mi propia cabeza. He pasado demasiado tiempo reprimiendo, recordando y obedeciendo… y ahora, en medio de esta pista iluminada por luces que bailan sobre los cuerpos sudorosos, no quiero recordar nada. Ni a Alexander, ni su maldito discurso de esta mañana, ni el roce de sus manos cuando me tocó como si después pudiera borrar la evidencia con un simple “fue un error”.
¡A la mierda, Alexander! A la mierda tod