POV ALEXANDER.
Había colgado el teléfono con el abogado a las seis de la mañana. Mi orden había sido simple, concisa y sin espacio para el debate: “Dame la dirección de la residencia de Aquiles y los extractos bancarios de la cuenta que recibe los pagos.” Solo para sentir un asco tan denso que casi me ahoga.
La manutención cuantiosa, diseñada para cubrir gastos escolares, vivienda y seguro médico del muchacho, llegaba puntual. Pero luego iba a una cuenta de fideicomiso a nombre del hijo de la p