Volver al ático es como cruzar un umbral emocional que no pensé traspasar, pero lo hice. Lo hice con él. Y aunque jamás creí que podría sentirlo así, el ático empieza a parecerme un hogar, nuestro hogar, un lugar donde mi respiración encuentra un ritmo propio que se mezclaba con el suyo sin necesidad de mirarnos.
Conservo mi departamento porque no puedo renunciar a tener un refugio personal. Un estudio para trabajar, para pintar, para desaparecer en colores cuando el mundo real se vuelve demasi