Nunca imaginé que el silencio de un hospital pudiera pesar tanto. Cuando el todoterreno se detiene frente a las puertas de emergencia de Hamptons, siento que el aire me abandona por completo. Las luces frías, los pasos apresurados, el olor a desinfectante… todo se mezcla con el recuerdo del disparo, repitiéndose en mi cabeza una y otra vez como un eco insoportable.
Alexander baja antes de que apague el motor. Lo sigo, casi corriendo, sin sentir mis piernas. La camilla donde transportan a Alexis