El olor a pólvora, químico y metálico, llena mis fosas nasales, quemándome los pulmones. Estoy de rodillas, con los brazos apretados alrededor de Charlotte.
¡Alexander!
Mi mente me grita y me obligo a levantar la cabeza, el miedo paralizando mi sistema nervioso, pero la necesidad de saber es más fuerte. La escena que encuentro es un caos. Katya está en el suelo, retorciéndose. Alexander está encima de ella, sujetando su muñeca. Está bien. El alivio es una punzada tan violenta que me marea.
Pero