-Quiero casarme contigo-, me dijo Medel, resoluto y enfático, mientras desayunábamos en la playa. A él le encantaba la comida marina. Había pedido pescado frito y café, además de panes crujientes y crocantes. Yo sabía que él estaba muy enamorado de mí, sin embargo Medel no era honesto conmigo. Yo no sabía nada de su vida, de su trabajo, de sus metas, de sus sueños, de sus ilusiones, de cuántas novias había tenido y si quizás era divorciado o viudo. Por más que le preguntaba él respondía siemp