Mi octavo marido fue Donald Ambroise, un exitoso empresario, dueño de varias fábricas textiles. Me casé con él porque no soportaba verlo tan asediado por las mujeres, en otras palabras tenía muchos celos de esas chicas acarameladas con Ambroise. Es la verdad. No voy a mentir. Ambroise era acorralado siempre por cientos de féminas, atraídas por su encanto, lo hermoso que era y por su abundante dinero, también, por supuesto. No solo eran chicas cazafortunas los que estaban detrás de él, sino