Cuando Donald invadió mis profundidades, hecho una locomotora avanzando a todo vapor hacia lo más profundo de mi ser, grité estremecida y hundí mis uñas en su espalda, aferrándome a él enloquecida de tanta emoción y pasión que me desbordaba. No podía contenerme, en realidad, porque estaba eufórica y fuera de mis cabales, incluso le abrí surcos a Donald en sus músculos y garabateé su cuerpo con mis uñas enormes, dejándome llevar por el descontrol del momento, sintiendo su virilidad avanzando