Donald no me tomaba importancia. A él más le preocupaba seguir siendo irresistible para las chicas, coquetear con otras mujeres, conquistar estrellas de la televisión o el cine y salir a bailar con muchachas del jet, con cotizadas modelos y también conocidas empresarias. Nuestra relación, en realidad, no era tal. Yo era una de más de sus conquistas.
En eso también me equivoqué. Ya les dije que yo tenía celos de que otras mujeres estuvieran persiguiendo a Donald que me propuse tenerlo para mí