Roger me llamó desesperado por la noche a Rancho Monroe. Estaba muy alterado, fuera de sus cabales, mortificado y prepotente. -¡¡¡¿Qué pasa, mujer?!!! ¡¡¡¿No me has enviado mi dinero?!!! ¡¡¡Necesito cancelar los gastos!!!-, me reclamó súper furioso, evidentemente borracho y turbado.
-Yo no le regalo mi dinero a nadie, ni aún a mi marido y menos para que unos tipejos que ni conozco se emborrachen a mis costillas-, le respondí muy tranquila. Yo estaba jugando con los gemelos y nos estábam