Un sábado llegó una persona a Rancho Monroe con un encargo para mí, El tipo había sido del entorno de Truddle, un colaborador muy allegado y que actuaba como asistente personal de mi marido muerto. Yo disfrutaba de la piscina con mis nietos.
- El señor dice que tiene una carta de Mario Truddle, señora Monroe-, me anunciaron de vigilancia. Era una carta. Pedí a uno de los agentes de mi seguridad que trajera la carta. Yo estaba con una tanga muy diminuta je je je. No podía exponerme.