Yo fui la que se equivocó con Roger. Debí haberle puesto condiciones antes de casarme con él, pero, ya saben, yo estaba tan maravillada que tenía una venda en los ojos, me encontraba hipnotizada a ese hombre, encandilada a su porte varonil, a su magia tan viril a sus músculos, sus bíceps que le permití seguir disfrutando de la dolce vita en vez de obligarlo a valerse por sí mismo, darle responsabilidades y obligarlo a no gastar el dinero de su padre. Cuando traté de remediar la situación, inc