Mientras los guardias de seguridad echaban a Alan y a Karoline, sentí una gran satisfacción dentro de mí. Era el principio de todo lo que les esperaba, porque no pensaba detenerme hasta verlos destruidos. Los guardias me condujeron hacia el reservado donde Alexander King ya me esperaba. En un principio, creí ver en sus ojos un destello especial, pero fue solo por un momento, ya que después volvió a tener ese semblante frío e impenetrable. Se puso de pie con cortesía y me tendió la mano.
—Bienve